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jueves, 24 de julio de 2008

LA COMIQUERÍA

Aficionados a los comics, tenéis que ver este vídeo

No digo más.

Mac-nuel

miércoles, 23 de julio de 2008

SUSHI, DIGO... TATAMI


Título: Tatami
Autor: Alberto Olmos
Editorial: Lengua de Trapo
Sección: Narrativa española

El autor: Nace en Segovia en 1975, queda finalista del Premio Herralde con A bordo del naufragio en 1998, premio que ganó un tal Roberto Bolaño con Los detectives Salvajes. Olmos va de listillo por la vida, digo por los blogs, hablando de libros y soltando lindezas, pero me gusta como escribe. Su libro, Trenes hacia Tokio, publicado por esta misma editorial, me gustó mucho. Casi nunca ocurre nada. Me gustan los libros bien escritos en los que casi nunca ocurre nada. Y sí, está algo flipado con Japón, pero es que estuvo allí algunos años dando clases de español. Y eso marca.

La obra: Tatami, ñam, ñam, va de un mirón, ñam, ñam, un mirón que le cuenta su historia a una chica de pechos grandes ñam, ñam, que se sienta a su lado durante un viaje en avión a Tokio. Y poco más. Ñam, ñam (Perdón pero es que estoy escribiendo esto mientras ceno algo y veo Betty en Cuatro). Durante 120 páginas el mirón cuenta su experiencia de mirón con una jovencita japonesa de unos 15 años (ó 13, ó 14, no se sabe). No puedo contar lo que ocurre, si es que ocurre algo, pero la novela, o nouvelle, se lee en un pis pas, un visto y no visto ¿ya ta? y consigue el efecto, o un efecto, entre los muchos o pocos que Olmos quisiera suscitar en el lector, consigue el efecto que es... bueno, el efecto que a mí me provoca me lo guardo para mí, pervertidos.
La novela o nouvelle es creíble, escrita con el estilo inconfundible de Olmos (esto significa que este cabrón escribe muy bien y me da envidia) con sólo cuatro personajes (cuatro, como el canal donde estoy viendo Betty) y un buen final, aunque para mi gusto le sobra una o dos frases. En resumen, es una novelita recomendable para mentes algo perversas y con ganas de leer algo ligero como unas bolitas de arroz con algo de pescado crudo.

Por cierto, no se necesitan palillos.

Mac-nuel

viernes, 20 de junio de 2008

Algo para leer mientras le cambian los neumáticos al coche


Título: Equivocado sobre Japón (el viaje de un padre y su hijo)
Autor: Peter Carey
Editorial: Mondadori
Sección: Narrativa extranjera-Literatura de viajes

Autor: Nace en Australia en 1943 y vive en Nueva York desde no sé cuando. Aquí donde le vemos ha ganado dos veces el prestigioso premio Booker (algo sólo logrado por él y Coetzee) con Oscar y Lucinda en 1988 y La verdadera historia de la banda de Kelly en 2001. En 2002 viaja a Japón (aunque no mueve el culo de Tokio) con su hijo Charlie (12 años) y escribe este libro que se lee como una novela (y esto lo digo como algo bueno) pero que está cerca de la literatura de viajes (lo cual no es en absoluto malo).

La obra: No puedo ser objetivo (¿lo soy alguna vez?), Japón (y concretamente Tokio) ejerce una misteriosa atracción sobre mí. La razón, las razones, creo que podemos dejarlas para otro momento, aunque puedo apuntar que están relacionadas con cierto lado friki que ha ido creciendo en mi interior desde que vi Bola de Dragón por primera vez cuando iba al instituto. Dicho esto, seguimos. El libro cautiva desde el primer párrafo. Hay buenas formas de empezar un libro y formas pésimas. Un ejemplo de forma pésima es el comienzo de Tierra firme de Matilde Asensi: 

"Martín, mi hermano menor, murió luchando bravamente contra los piratas ingleses que, tras cañonear nuestra galera durante buena parte de la noche, al alba, echaron garfios por la borda y nos atrajeron hacia su flanco de estribor para robarnos todas las mercaderías que nuestro bajel portaba desde los mercados de Sevilla hasta las colonias de Tierra Firme, en el Nuevo Mundo".

 Joder, necesito oxígeno para respirar. Peter Carey comienza así esta historia: 

"Estaba con mi hijo en el video club cuando alquiló El verano de Kujiro, una película japonesa con tipo duro y niño en la que un actor llamado Beat Takeshi interpreta a un matón encantador y plagado de ticks. ¿Cómo iba a saber yo adónde nos llevaría eso?
Durante las semanas siguientes Charley alquiló El verano de Kikujiro varias veces, y yo, pese a estar presente, no tenía idea de hasta qué punto le había afectado, no hasta que mi hijo, en voz queda, me dijo de pasada: De mayor viviré en Tokio".

No necesito más (será que me conformo con poco), el resto del libro ha sido una delicia tanto en lo literario como en lo friki. Padre e hijo quieren ver el "verdadero Japón" pero claro, su concepto de cual es el este Japón en estado puro que quieren conocer de cerca es tan diferente como una espada samurai de una Nintendo DS. Gracias a los muchos contactos de este autor tan conocido (ha sido traducido a bastantes idiomas, entre ellos el japonés) no les cuesta colarse (bueno, un poco sí les cuesta) en los Estudios Gimbli y conocer a Dios (Hayao Miyazaki para los profanos), también acuden a una entrevista con Yoshiyuki Tomino (¿os suena Mobile Suit Gundam?), investigan sobre los orígenes del manga y el anime, conversan acerca de la increíble El cementerio de las luciérnagas, analizan junto con un amigo japonés significados ocultos para un occidental de Mi vecino Totoro, conocen otakus, charlan y discuten con Yuka Minakawa, otaku de pro y responsable de "la biblia" Gundam Officials (de 3 Kg), acerca del origen y significado real de este término. Pero esto sólo es un granito de arroz, hay mucho más, conocen a un maestro en el arte de la fabricación de espadas, asisten a una representación de teatro Kabuki (el niño, Charlie, se aburre soberanamente ya que dice que eso no es el "verdadero Japón", pero Peter Carey nos hace ver la relación entre este teatro y el manga), cenan por desconocimiento en un local de dudosa reputación lleno de yakuzas y "geishas" y bueno, muchas anécdotas y malentendidos que hacen de este libro algo muy muy muy recomendable para cualquiera que sienta cierta atracción por Tokio y lo japonés. 

Finalmente quisiera llamar la atención sobre algo que el autor refleja con claridad. En estos tiempos en los que parece que toda la información es accesible con un click, podemos cometer el error de creer conocer bien algo, una cultura, una sociedad, un país. Creer que sabemos bastante acerca de esto o lo otro y sacar conclusiones que suponemos bien fundadas. Sin embargo, como le dice alguien a Peter en una de sus conversaciones, conocer algo a medias puede ser mucho más perjudicial que la más completa ignorancia.

Manuel

martes, 13 de mayo de 2008

Como mi vida misma

Título: Cibercultura mi amor
Autor: Lewis Trondheim
Editorial: Norma
Sección: Cómics adultos

Autor: Me gusta todo lo que escribe y dibuja este tío, desde la serie "La Mazmorra" que empecé a leer hace ya algunos años, hasta sus obras más autobiográficas como "Mis circunstancias" o "El síndrome del Prisionero". El caso es que leer a Trondheim es una delicia parecida a comerse un trozo de tarta de chocolate tirado en un rancio sofá en una vieja tetería cerca la calle Hortaleza. Eso fue justo lo que hice el día que me compré este cómic. Bueno, y del autor decir que en realidad se llama Laurent Chabosy y nació el 11 de Diciembre de 1964 en noséquébleau, Francia.

La obra: Pues ya desde la primera frase empecé a descojonarme. Resulta que estos dos individuos de la portada, Patrick y Félix (ahora no recuerdo quién es quién y el cómic no lo tengo delante para mirarlo porque se lo he dejado a Patricia para que vea que hay vida más allá del manga) están diseñando un videojuego, son unos viciados en toda regla de las videoconsolas y los ordenadores, se pasan horas delante de la pantalla, viven, comen, respiran, se entretienen y relacionan en base a esta actividad propia de finales del siglo XX y principios del XXI, el vicio de matar marcianos, descuartizar cuerpos, saltar plataformas, competir en carreras de coches, hacer HADOKENS... vamos, cualquier cosa menos mierdear con el Final Fantasy y similares. Estos colgados de la vida no saben vivir sin videojuegos y es para mearse leer las reflexiones "trascendentales" que te sueltan mientras van andando por la calle. El videojuego que están diseñando es un juego de lucha de lo más vomitivo, los personajes son esperpentos eruptadores, humanoides que se tiran pedos mortales o matan a su adversario con descomunales explosiones de pus, leer cómo se les va la pinza intentando hacerlo aun más asqueroso merece la pena, y lo mejor es que creen que van a revolucionar el mercado, serán famosos, y dentro de unos años, volverán a hacer adpataciones de su videojuego para las plataformas del futuro, y camisetas y películas... vamos, que son dos frikis en estado puro. Creo que como cómic es un buen complemento a la novela jPod de Douglas Coupland, en la que vemos las paranoias de un grupo de programadores de videojuegos desquiciados. 
Ah! y lo mejor del cómic es que todos los ordenadores que salen son Mac.
Puede que esta no sea la mejor reseña del mundo, pero estoy intentando escribir algo acerca de la poesía posmoderna y no he podido evitar reseñar este cómic que me leí antes de ayer. 

Mac-nuel

miércoles, 9 de abril de 2008

Lectura para estar en la "zona"

Título: Zona Fría
Autor: Jonathan Franzen
Editorial: Seix Barral
Sección: Narrativa extranjera

El autor: Nació en Ilinois y tiene 49 añitos. Lo conocí hace unos años cuando se publicó en España Las correcciones y le hice una entrevista para Delibros. Después del encuentro y de que me firmara el libro, cuando iba en el metro camino a casa, me di cuenta de que la mitad de la entrevista no estaba grabada (problemas técnicos) así que no tuve más remedio que inventármela. Pero quedó muy bien.

La obra: Después de hablar tanto de la vida del autor será mejor meternos directamente en su obra. Este fin de semana leí una crítica acerca de la misma en ABCD escrita por Juan Manuel de Prada en la que ponía el libro poco menos que a parir. Como yo ya había leído el libro pensé con mi modestia habitual: este Juan Manuel de Prada no sabe leer, ha escrito algunos libros que valen la pena, vale (Coños, Las máscaras del héroe y punto, el resto es que ya desde la portada tiraban para atrás), pero no tiene ni idea de lo que dice. El caso es que resume el libro bastante bien así que os invito a leer la crítica. 

Que quede claro que Zona Fría no es una novela. Es más bien un ensayo o relato autobiográfico en el que el autor rememora algunos momentos de su infancia y juventud, reflexiona acerca de sus vivencias ya como adulto y escritor de pro y divorciado e hijo de una madre neurótica y un padre autoritario. Hay mucha anécdota, sí, pero también hay mucha literatura. Franzen sabe cómo llegar a trascender a partir de lo inane pero sin que se note mucho. El libro está dividido en varios capítulos que se centran en momentos más o menos concretos de su vida y de ahí va tirando de oficio y saber hacer y leerlo sienta como una cerveza fría después de una dura jornada vendiendo libros, buñuelos de viento o pastillas para la tos. Lo que más me gusta de este libro es que no es una novela pero está escrito como si lo fuera o, como decía Umbral, metiéndole a todo algo de literatura. Leí el primer capítulo por simple curiosidad, para ver qué me contaba este tío con el que charlé una vez, para comprobar si quedaba algo de aquello que leí en Las correcciones. Después de este primer capítulo ya no pude parar, y no porque me enganchara la trama (que no hay), sino porque después de un día entero trabajando y sin nada interesante en la tele, la cama o la nevera, el cuerpo me pedía algo más de Franzen, vete a saber por qué. No sólo de novela histórica vive el hombre.

Luego un vaso de leche y a la cama.

Manuel


viernes, 21 de marzo de 2008

Una rebanada de Nocilla para merendar

Título: Nocilla Experience
Autor: Agustín Fernández Mallo
Editorial: Alfaguara
Sección: Narrativa española

El autor: Tiene 40 añitos y con su anterior y primera novela titulada Nocilla Dream (antes había publicado libros de poesía) consiguió el casi unánime reconocimiento de la crítica además de abrirse un hueco en el mercado y en los programas culturetas de la tele. Se declara fan incondicional de Sr. Chinarro.

La obra: Nocilla Experience no aporta ninguna novedad destacable a Nocilla Dream, pero su lectura es sugestiva. Digamos, para entendernos, que es casi como leer un blog, se van sucediendo historias de personajes excéntricos que viven al borde de la locura o la genialidad, historias rotas que forman un rompecabezas que vamos completando según avanza la lectura, pero que no tienen, ni buscan, un principio o un final claro (¿alguien ha visto 21 gramos o Babel? bueno, pues podríamos decir que se da un aire). El autor intercala fragmentos del guión de Apocalypse Now, de entrevistas a músicos modernillos o posmodernillos, de noticias de RNE (nada de esto es gratuito), va metiendo tijeretazos para crear una obra lo más próxima posible (según su forma de verlo) a la realidad que vivimos hoy. Porque según él, ya no es posible concebir novelones de 900 páginas narrados en plan siglo XIX, que abarcan la vida compleja de un individuo de manera unitaria, completa, redonda, temporal (inicio, nudo y desenlace). Si hacemos caso a lo que nos rodea, hay que escribir en función de la fragmentación y la lluvia de paquetes información y estímulos que recibimos constantemente, de las páginas webs, de las imágenes, la radio, youtube, twitter. Esto es más o menos lo que piensa Agustín Fernández Mallo deformado por la interpretación que yo hago.
Que nadie que pretenda leer una novela se acerque a este libro. Que todo aquel que quiera leer algo diferente (por fin) a medio camino entre la prosa y la poesía (pero sin lenguaje pijotero ¿eh? a ver si voy a tener que explicarlo todo) lo lea. De verdad, garantizo la excitación de vuestras sinapsis neuronales.

Manuel

viernes, 22 de febrero de 2008

Into the Wild

Título: Hacia rutas salvajes
Autor: Jon Krakauer
Editorial: Zeta Bolsillo
Sección: ¿Biografías, literatura de viajes...?

Advertencia: si no sabes nada de la vida de Chris McCandless y tienes intención de ver la película has de tener en cuenta que en lo que ahora sigue se desvela el final. 

Aclarado esto y con las manos limpias paso a decir que Into the wild (Hacia rutas salvajes) es el título de la última película dirigida por Sean Penns y que está basada en el libro que Jon Krakauer publicó con el mismo título allá por 1995. El libro de Jon Krakauer es el resultado de la investigación sobre la desaparición y posterior muerte del joven Chris McCandless en Alaska.

Ésta es una de esas ocasiones en las que alguien -yo en este caso- se acerca a un libro después de haber visto la película que inspiró. Voy a hablaros del libro, que es más o menos lo mismo que hablaros de la película, que es más o menos lo mismo que hablaros de los dos últimos años de vida de Chris McCandless, o de Alexander Supertramp como él mismo tuvo a bien bautizarse en su viaje iniciático hacia la búsqueda de la verdad.

La muerte de Chris no es algo que haya que ocultarle a quien pretenda leer el libro. Tanto la contraportada como la introducción que hace el autor lo gritan a los cuatro vientos. La muerte sólo es el trágico final de una magnífica aventura. Chris McCandless, o mejor dicho, Alexander Supertramp, decide abandonarlo todo y largarse en un viaje de dos años que concluirá en las tierras salvajes de Alaska. Primero le calla la boca a sus padres graduándose en la universidad con muy buenas notas, luego dona a una ONG los 24.000 $ que tenía ahorrados y se pira con lo puesto, algunos libros y poco más a la aventura. En el camino conoce gente que le ayuda, que le comprende, digamos que era un chico carismático y con una gran energía que se hacía querer. 

Lo que pretendía con esto era buscar la verdad, huir de la sociedad que corrompe el espíritu del hombre, la mentira, las convenciones sociales, las normas. Quería experimentar la libertad mayúscula de vivir sin depender de nada, su destino era adentrarse en la naturaleza salvaje y vivir en comunión con la tierra durante un tiempo, purificar su alma y salir renovado de su aventura. Los dos años de camino sólo fueron como una preparación tanto física como espiritual. Digamos que el viaje fue un aprendizaje para la prueba última: Alaska. En su aventura iba acompañado de obras de Thoreau, Tolstoi y otros autores que leía y releía y subrayaba y le llenaban la mente de ideales. Pero lo que más me impresiona de Alexander Supertramp es que le echa un par de huevos a la vida, no le gusta lo que ve: su familia es adinerada, se siente descolocado, siente que vive en una mentira, que la VIDA es otra cosa, así que coge y se larga ¡zas! a lo que salga, a lo bestia, sin dinero (lo que no donó lo quema antes de salir), sin facilidades, porque un reto, si es fácil, pierde todo su valor. 

Pasó sus últimos 4 meses en los bosques de Alaska, dentro de un autobús adaptado a modo de refugio que estaba cerca de la llamada "Senda de la estampida". Allí cazó, se alimentó de ardillas, erizos, pequeñas aves, frutos silvestres. Allí leía y escribía un pequeño diario. Sin embargo cometió un par de errores (no diré cuales) que le llevaron a la muerte. Llegado el momento, pocos días antes de morir y sabiendo que su fin era ya inevitable, escribió una nota: "HE TENIDO UNA VIDA FELIZ Y DOY GRACIAS AL SEÑOR. ADIÓS Y QUE DIOS OS BENDIGA". Uno de sus últimos actos fue hacerse una foto sosteniendo esta nota, a modo de despedida. Está demacrado y consumido por el hambre, pero no se le ve triste, ni desesperado, más bien da la sensación de estar en paz.

Esta es la foto:

















Tanto la película como el libro como la vida de Chris McCandless (Alexander Supertramp) me han impresionado. Muchos queremos escapar de las ataduras pero tenemos miedo de hacerlo. Chris lo hizo y merece todo mi respeto.

Manuel

viernes, 8 de febrero de 2008

El jugador de Dostoievski. Pues vale.

Autor: Fiódor Dostoievski.
Título: El jugador
Editorial: Alianza
Sección: Narrativa Extranjera


El autor: pincha aquí y tendrás un resumen de su vida y obra.

El resto: El gran Fiódor Dostoievski debe ser un gran escritor, no lo dudo, imagino que lo será, imagino que Crimen y Castigo o Los hermanos Karamázov serán dos obras maestras de la literatura universal, de lectura imprescindible, como Guerra y Paz, o el Ulises de Joyce. Vale. Pero yo es que no he leído ninguna de estas novelas. Yo, por ahora, sólo he leído El jugador. Y bueno. 
El problema seguramente será mío, tenía demasiadas expectativas puestas en esta novela, conocía referencias de otras obras, había oído hablar de ella y encima la portada que trae la editorial Alianza era preciosa. Vamos, que el libro me iba a gustar. Seguro. Pero no. Cuando iba por la página 96 estuve a punto de dejarlo (y debería haberlo hecho, pero entonces no podría escribir esto con la conciencia tranquila). Resulta que un ruso está locamente enamorado de una chica, pero ésta pasa de su culo. Y básicamente ya. ¿Dónde está el jugador? necesito ruletas, apuestas, emoción, quiero ver cómo el ruso, el jugador, sufre en la mesa frente al crupier y se plantea la teoría del caos, el sentido de la vida, el rojo, o el negro, pares o impares. Pero Dostoievski escribe, (bien escrito, eso sí, hay capítulos que cierran de forma sublime) una trama de amoríos y herencias, de sospechas y melindres, de giliflautadas de un pobre rusito desgraciado capaz de quitarse la vida por una chica, algo tan poco convincente, tan inverosímil hoy día, que hacía que se me atragantara la lectura. "Díme que me tire por un precipicio y así lo haré, porque te quiero" ¡venga hombre! 
El análisis psicológico del personaje no está mal, es un jugador, de eso no cabe duda, no juega para hacerse rico (eso cuando juega, porque me he pasado 200 páginas sin "verle" jugar), el dinero le da igual y lo demuestra. Juega por jugar. Vale, eso mola, pero en general la novela sólo resulta medianamente interesante con la aparición de la abuela e incluso casi emocionante cuando el ruso se mete en el casino y en una hora destroza la banca. Muy bien. Sí. Pero creía que Dostoievski iba a dar más de sí. Lo siento. Si Crimen y Castigo es como El jugador pero con 800 páginas más no seré yo quien se lo lea. Aunque ya os contaré, ya.

Manuel

viernes, 1 de febrero de 2008

Volver a vivir

Autor: Jiro Taniguchi
Título: Barrio Lejano
Editorial: Ponent Mon
Sección: Comics, Manga

Autor: Jiro Taniguchi (谷口ジロー) es un dibujante de manga nacido el 14 de agosto de 1947 en la prefectura de Tottori (Japón). Con Barrio Lejano ganó en 2003 el Alph'Art del mejor guión en el Festival Internacional de Comics de Angoulême (Francia) y el premio a la mejor obra en el Salón del Comic de Barcelona de 2004. Para saber más sólo hay que buscar en Google.

Resumen: Un hombre de cuarenta y tantos años con mujer e hijos vuelve a vivir su adolescencia, es decir, que viaja en el tiempo hasta sus años de estudiante de secundaria. Tiene el cuerpo del niño que entonces era, pero mentalmente sigue siendo un hombre adulto con todos sus recuerdos intactos. Esto le lleva a enfrentarse con una nueva perspectiva a las mismas situaciones que ya vivió cuando era estudiante de secundaria: las clases, las chicas, la relación con sus padres, etc.

Opinión: ¿Cuántos de nosotros no hemos deseado alguna vez volver a vivir aquellos maravillosos años en los que éramos unos niñatos salidos estudiantes de BUP y COU pero con la mentalidad y la experiencia actuales? jeje, al menos a mí me encantaría y la obra de Jiro Taniguchi consigue hacerme sentir un poco como si eso fuera cierto, como si pudiera pasar. Con un dibujo limpio y detallista que es una delicia para los ojos logra construir una historia que, aunque fantástica o fantasiosa, no deja de ser verosímil. Es una gozada ver como el que entonces fue un crío que pasó sin pena ni gloria por las clases, ahora coge y sin querer se liga a la tía más buena del colegio gracias a esa misteriosa sabiduría y madurez que desprenden todos sus movimientos. ¡Jajaja! lo malo de leer esta novela-manga es que ha sido un placer demasiado breve. Los dos tomos que la componen saben a poco, como todas las cosas buenas. De verdad, es una pequeña obra maestra y leerla es un regalo para la imaginación. Además, ocurren cosas mucho más serias que ligarse a una tía, pero ¿para qué contarlo aquí? Eso es algo que dejo para el que se haga el favor de leer un buen manga como este, que es como leer literatura de la buena. Casi nada en los tiempos que corren.

Por cierto, cuando os la leáis, podéis dejar vuestros comentarios dándome las gracias. De nada.

miércoles, 23 de enero de 2008

ya queda menos

Señoras y señores mal que les pese a algunos el 6 de febrero se pone a la venta el último título de Haruki Murakami: Sauce ciego, mujer dormida. Para los que no lo conozcan, no diré nada y para los que sí lo conozcan ¿qué decir? Allá cada cual con lo que lee, pero yo aprendo con cada libro de este señor y digamos que ya tengo el culo pelao de leer, como diría Maxi. No me vale cualquier cosa, me cuesta mucho terminar un libro porque la trama, por sí sola, no vale nada y deja de interesarme. Hay que escribir bien. Y Murakami lo hace. También, lo reconozco, Coetzee empieza a interesarme después de bien pasada la fiebre del Nobel ¿Alguien ha leído Juventud? En fin, que me voy del tema.

Sólo anticipo que mi próxima reseña será de este japonesito que hace mucho deporte y cuida mucho su alimentación para poder vivir el máximo posible y escribir. Ya tiene 60 añitos (más o menos). Las espadas y los cuervos están bien (imagino) pero yo soy feliz con esto.

martes, 15 de enero de 2008

Para nuestra culturilla

Me permito copiar aquí desde el blog de Vicente Luis Mora un artículo de Arturo Pérez Reverte publicado el domingo pasado que no tiene desperdicio. Si algo me gusta de este escritor, es que no tiene pelos en la lengua (vamos, que le echa un par):

Permitidme tutearos, imbéciles
Por A. Pérez Reverte

"Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas. 

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones. 

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo. 

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado."
A. Pérez Reverte

jueves, 10 de enero de 2008

Para nuestra culturilla

Literatura y software: Elogio de los nuevos soportes
Texto de Ángel García Galiano

Esto ya nos ha pasado antes, recuerden los lectores a principios del siglo XIII cuando se comenzó a extender por Europa el uso (y abuso, según los recalcitrantes) del papel: ese soporte feble y efímero que pretendía competir (figúrense) con la tablilla de cera (¡ah!, ese delicioso olor tan sensual, ¡y su tacto!, ¿cómo renunciar al tacto de la cera sobre la superficie mórbida y sus dulces anfractuosidades?) y el punzante stilus, hasta ahí podíamos llegar. 

Recuerden cómo nos pusieron (como no digan dueñas) a los que osamos defender los nuevos soportes: no para la entrega, uso y disfrute final, faltaría más, dónde esté un buen (y caro) pergamino..., pero sí como medio útil, barato y eficaz de trabajo en las tareas de borrador: frente al laborioso empeño de las pizarras de cera, el papel es dúctil, económico, se pueden acumular sus páginas sin problema de espacio, es fácil corregir sobre él, volver sobre lo escrito, rescribir una y otra vez, algo casi imposible en la pesadez de la cera. 
Hasta inventamos, gracias a los nuevos soportes modernos, nuevos géneros literarios: el ciclo artúrico del maravilloso Lancelot prosificado, los libros de caballerías en general (que es como decir el inmediato antecedente de la novela moderna) hubiera sido literalmente imposible sin la aparición de este nuevo, eficaz y controvertido instrumento de escritura. Está más que demostrado (ahí tienen al el maestro Martín de Riquer, que no me dejará mentir) que fueron las nuevas tecnologías las que propiciaron el paso de los lineales y breves poemas tipo Chretien de Troyes a las complejas organizaciones arquitectónicas de los libros de caballerías: sólo un proceso de redacción en papel, que permite al escritor leer y releer, volver atrás con suma facilidad para enhebrar profecías, sueños, venganzas, paralelismos de toda laya, es capaz de generar esas nuevas estructuras que a la postre “inventaron” la modernidad. 

Recuerdo luego cómo renegaron (siempre los mismos, los defensores de la tradición y la costumbre) de la imprenta, ese invento de Satanás (Dios lo bendiga), que hasta obligaron durante muchos lustros (al menos hasta Aldino, ese sedicente veneciano posmoderno) a los pobres cajistas a reproducir en sus plomos la forma y el estilo de los manuscritos. Y los monjes, los peores de todos, según ellos una Biblia impresa no era una Biblia, y preferían copiarla a mano, ¡como siempre se ha hecho!, antes que entregarse a tamañas veleidades punto menos que heréticas. 

Ahora arremeten con el soporte digital y añoran el olor de la tinta: son los mismos que luego defenderán los bits a capa y espada cuando la imaginación humana nos provea con nuevas posibilidades técnicas para propiciar eso que (no se olvide) realmente importa: el anhelo de belleza encarnado en palabras, la Literatura. Se me ocurre que ese nuevo y más sutil y mágico soporte vuelva a ser la memoria, la oralidad: ya verán, arremeterán contra ella y defenderán la sensualidad táctil del disquete y su resplandor fosfórico en la pantalla de plasma... y entonces todo volverá a comenzar. Otra vez.

Angel García Galiano es escritor, autor de la novela El mapa de las aguas (Editorial Mondadori) y profesor de Teoría de la Literatura en la Universidad Complutense de Madrid.

sábado, 29 de diciembre de 2007

algo que no sea prosa


Título: Ciudad del hombre: New York
Autor: Jose María Fonollosa
Editorial: Acantilado
Sección: Poesía

Jose María Fonollosa nació en Barcelona el día 8 de agosto de 1922. A los 22 años publica La sombra de tu luz, a los 25 publica Umbral del silencio. Cuando aparece su siguiente libro Fonollosa tiene ya 68 años. Por lo tanto, podemos decir que prácticamente toda la obra de Fonollosa se construyó desde el silencio y el olvido. Un silencio sólo interrumpido por el ritmo del jazz —al que era un gran aficionado— y el sonido rasgado de las páginas de sus libros, pues sólo eso había en su casa el día que lo encontraron muerto, muchos discos de jazz y muchos libros.

En Ciudad del hombre: New York, Fonollosa nos presenta una ciudad bullente y esquizofrénica llena de hombres y mujeres —casi siempre hombres— que nos hablan de sus vidas, sus manías o su visión del mundo, a menudo perturbada y deliciosamente incorrecta. Es por lo tanto un libro coral, que recuerda en cierto modo a Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters. En ambos casos nos encontramos con una ciudad en la que sus habitantes nos cuentan historias, cosas que les ocurrieron. Si bien en Antología de Spooon River los personajes están muertos y lo que leemos son sus epitafios, en Ciudad del hombre encontramos hombres muertos en vida, cuya desesperación y hastío les acerca más al lado oscuro. Por lo tanto tenemos un libro cuyos poemas están a medio camino entre la poesía y la narración. Sus personajes muestran una insatisfacción permanente, no les gusta este mundo, ni esta ciudad, pero la necesitan. Este es el primer poema: “No hay nada bueno en ti. Por eso te amo”. A partir de aquí, entramos en las vidas de estos personajes desquiciados.
Fonollosa no rehuye ningún tema por desagradable que pueda parecer. Así vemos el incesto tratado con total naturalidad: “El premio es este goce tuyo y mío./El placer que me das, yo lo sentía/cuando estaba, en tu madre, elaborándote”. También el asesinato aparece repetido constantemente: “No sabía/que un delgado cuchillo entra en la carne/sin despertar la piel. Como entra el frío”. O incluso hay poemas en los que se hace apología del crimen como medio de hacerse famoso: “Si en ti hay la aberración, rara e inútil,/de querer ser un hombre que trascienda,/no estudies ni te esfuerces. Simplemente/aprende a manejar una pistola.”

De este modo Jose María Fonollosa va construyendo un libro-ciudad donde cada hombre tiene una historia, una visión del mundo y de la vida. Una obra coral llena de voces que malviven y se arrastran al borde del abismo. Bares, pubs de mala muerte, cuchilladas “en el segundo espacio intercostal”, suicidios, asesinatos a punta de pistola, abusos, violaciones, necrofilia, prostitución, parejas rotas, abandonos, sexo (mucho sexo), algo de amor, onanismo (“la pareja perfecta es uno a solas”), homosexualidad (“es lógico que se amen las mujeres/de haber sido mujer, fuera lesbiana”), necesidad de huir, soledad, aburrimiento, hastío, etc. Fonollosa sabía que su labor era importante. Se pasó media vida escribiendo en silencio, sin publicar nada, trabajando en una obra que sabía habría de perdurar cuando él muriera y que hablaría por él a otras generaciones de hombres, urbanitas complacidos que no saben o no quieren ver el horror que hay detrás de cada rostro. Por eso dedicó a su obra tanto tiempo, él ya lo sospechaba: “es la obra de la mente que se yergue/desafiando políticas y edades./Y uno perdura en ella por los siglos”. Que así sea.

Manuel

viernes, 14 de diciembre de 2007

Buffalo Bill ha muerto

Ficha
Título:Bufalo Bill ha muerto
Autor:e e cummings
Editorial:Hiperión
Sección: Poesía


En una escena de la película Hanna y sus hermanas de Woody Allen, Michael Caine se lo jugaba todo en una pequeña librería e intentaba conquistar a su cuñada Bárbara Hersey con la lectura de uno de los más bellos poemas de amor de la lengua inglesa. El poema es el LVII del libro W [ViVa] y empieza así, con minúscula obligada: “en algún lugar adonde nunca he ido, gozosamente más allá/de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio” y termina con el inolvidable: “nadie, ni siquiera la lluvia, tiene unas manos tan pequeñas”. Este hermoso y accesible poema leído con acento británico por Michael Caine sirvió para que mucha gente se enterara de que existía alguien llamado e.e. cummings, un irónico y maligno poeta norteamericano capaz de escribir así, con minúsculas obligadas, las cosas más maravillosas. Pero yo no lo conocí gracias a la película, sino a Miguel Pérez (compañero de Maestro Victoria) que me lo recomendó el verano del 2004 porque sabía que yo andaba buscando algo distinto, original, que no me dejara indiferente. Y acertó, gracias a dios (con minúscula).

Fuera de toda escuela, categorización o corriente, el inclasificable cummings exhala virulencia y creatividad por los cuatro costados. Demuestra una soberbia destreza técnica para combinar metros y rimas y un manejo libérrimo de la puntuación, el espacio y la disposición gráfica, con ruptura incluso de la palabra: “in(abeja)mó/v/i(en)l/estás(l/a)tú(ú/nica)dor(rosa)mida”. Sin embargo, a pesar de su originalidad y sus juegos tipográficos, no podemos dejar de señalar la huella que los poetas clásicos han dejado en toda su obra. Así encontramos temas de la tradición tan conocidos como el carpe diem (poema cuatro VII de Es 5: “mientras la primavera está en el mundo...”) o el tempus fugit (poema VII de Poemas de The dial papers: “y cuando la manoseada/flor de tu boca/esté vieja,fría y ajada...”).

En 1917 cummings se enrola en el Cuerpo norteamericano de Ambulancias Norton-Harjes para participar en la I Guerra Mundial. Es destinado a París, donde conoce el cubismo, que tanto influye en su concepción visual de la poesía: la disposición de los espacios en la página, el movimiento, los planos diversos y la simultaneidad. Todo esto, unido a la ruptura de las normas ortográficas, morfosintácticas y semánticas, los neologismos, las metáforas originales, en las que se advierte un deseo de evasión de la realidad de los objetos, es lo que acerca por momentos la poesía de e.e. cummings al Creacionismo. Movimiento representado por el francés Reverdy y el chileno Huidobro, que surge en el París de aquellos años. Me estoy refiriendo a poemas como Reflexiones (IX), fechado en 1918:

una Mujer
                 de bronce
triste
                                 se yergue 
junto a la bocama
una mujer algo vieja
                                                   en camisón
                                                     que sostiene en alto una
antorcha
Siempre
              una mujer cansada
               ha tenido hijos
                                                   y Ellos se han olvidado
              de vigilar
                                    permanentemente
el mar

Pero si hay un rasgo constante en la poesía de cummings, es el humor. Un humor ferocísimo, iconoclasta, a veces vulgar: “un político es un culo/en el que se ha sentado todo el mundo salvo un hombre”, y a veces, casi siempre, irónico: “cuando las serpientes negocien su derecho a reptar/y el sol se declare en huelga para conseguir un sueldo decente—/cuando las espinas miren alarmadas a sus rosas/y los arcos iris cuenten con un seguro de vejez”.

El estilo de cummings se caracteriza por su inconformismo tipográfico (del que no se salva su propio nombre: e e cummings), sus distorsiones sintácticas, su puntuación inusual, los neologismos y el empleo libre de los ritmos del jazz y la jerga de los barrios bajos. Aunque el contenido emocional de su poesía parece en primera instancia cínico, básicamente es lírico y casi romántico.

Con su obra realiza un especial trabajo sobre la lengua: valora los seres pequeños, anónimos y marginales, repudia las restricciones impuestas por la sociedad y los sistemas intelectuales; rechaza el estilo de vida estadounidense considerando represiva su idea del progreso, critica la guerra, se burla del gobierno... vamos, que no deja títere con cabeza. Es irrespetuoso con todo lo que cree oportuno serlo, como tampoco respeta sus poemas, a los que maltrata, juega con sus formas, sus ritmos, hace lo que quiere en total libertad para obtener resultados que pueden ser confusos, ágiles, intensos, líricos o románticos, pero que jamás dejan indiferente. Tal vez sea ese el mayor logro de e.e. cummings, que no deja indiferente. Sus poemas sorprenden incluso en el siglo XXI (al menos a mí me han sorprendido).

Para e e cummings el poeta es “aquel que desvelará los abismos del horror para defender/con su vida la arquitectura de un rayo de sol”. Ahí queda eso. Luego se murió.


Manuel

martes, 11 de diciembre de 2007

aclaraciones para unificar criterios en las reseñas

Queridos amigos y compañeros (bla bla bla), respetando la libertad de cada uno para reseñar las obras según nos plazca, que para eso estamos aquí, para escribir lo que queramos y como queramos, pero como somos muchos, a lo mejor estaría bien establecer una especie de criterio unificado. Esto es sólo una propuesta.

A ver, y no me quiero enrollar ni parecer ilusionante, podríamos seguir los siguientes pasos:

1. antes de cada reseña una ficha al uso con los datos básicos del libro. 
2. una breve (BREVE) introducción al autor. 
3. un resumen de la obra 
4. finalmente nuestra valoración personal que viene a ser lo mismo que escribir lo que nos de la gana (sin extendernos demasiado) y como nos de la gana.

En Xanadú tenemos intención (a priori, todo es discutible) de hacerlo así para facilitarnos la labor, y creo que dentro de la subjetividad de cada uno, si todos los hacemos más o menos siguiendo estos pasos (u otros si alguien no los estima adecuados) facilitará las cosas. Por supuesto, en todas las reseñas hay que poner etiquetas y ante esto surge una duda, al "etiquetar" un autor, ¿vamos a poner sólo el apellido o nombre y apellido? ah! y también podría aparecer el nombre en la etiqueta de quien ha escrito la reseña.

Nada más, dejadme en los comentarios vuestras opiniones. Alberto (Orense), como sé que vas a escribir un montón y tus aportaciones y conocimientos son dignos de admiración incluso por mí (jeje), vamos a ver cómo lo hacemos. ¿Te parece? Si veis que es mejor no seguir ningún criterio preestablecido pues lo hablamos (o comentamos).

De todos modos, no tenemos por qué publicar sólo reseñas de libros, podemos aprovechar para escribir acerca de lo que nos plazca siempre que tenga que ver con los libros. Enga, espero vuestras opiniones.

Manuel

Abrazos a todos.

lunes, 10 de diciembre de 2007

El otro Firmin

Ficha
Título:El increíble niño comelibros
Autor:Oliver Jeffers
Editorial:Fondo de Cultura Económica
Sección: Literatura infantil


Oliver Jeffers nació en Australia en 1977 aunque se crió en Irlanda. Es pintor, diseñador, escritor e ilustrador. Suyos son otros libros como Perdido y encontrado y Cómo atrapar una estrella.

El increíble niño comelibros es la historia de un niño que, como indica el título, se come los libros en lugar de leerlos y cuanto más come, más inteligente se vuelve. Es más listo que su padre, que su profesora, gana concursos en la tele... Sin embargo un día empieza a sufrir algún tipo de indigestión con tanto libro y empieza a confundir las cosas, mezcla conocimientos, datos... en fin, que deja de ser tan listo hasta que descubre cómo solucionar su problema. Y no, no es con Almax ni Primperan.

Lo que más llama la atención del libro es la ilustración ¡cada página es una obra de arte! Jeffers utiliza distintos materiales para sus ilustraciones (tapas de libros y cuadernos, papel de periódico, hojas con notas, páginas arrancadas de libros de texto...) y consigue unos dibujos increíbles (tan increíbles como el niño comelibros). El poco texto que hay (el justo y necesario) sirve como guía a los dibujos que en realidad hablan por sí mismos. La historia es rápida, con los tradicionales inicio, nudo y desenlace (con final feliz con un claro mensaje de animación a la lectura). La única pega que le pongo al libro es que no tenga 200 páginas más. Vamos, que este libro es una joya que no sé si un enano de 7 años sabrá apreciar. Y es que muchos de estos álbumes ilustrados gustan más a los adultos que a los niños.

Manuel

domingo, 9 de diciembre de 2007

La vida en la puerta de la nevera. Alice Kuipers. Salamandra.


Original historia escrita a base de post-its que una madre y su hija se dejan en la nevera. La autora está curtida en la escritura de relatos cortos y eso se nota. Cada página es un post-it escrito o por la madre o por la hija, se dicen cosas, se echan en cara trapos sucios, la chica queda con amigos, la madre es médico, tienen problemas típicos entre madre e hija. Sin embargo, la historia tiene un giro dramático muy bien tratado cuando a la madre le detectan un cáncer. Es un libro muy entretenido, original, barato y bien escrito. Pero hay que tener cuidado al recomendarlo porque la madre muere al final debido al cáncer. Lo mejor de todo es que me emocioné.
Manuel