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viernes, 20 de junio de 2008

Algo para leer mientras le cambian los neumáticos al coche


Título: Equivocado sobre Japón (el viaje de un padre y su hijo)
Autor: Peter Carey
Editorial: Mondadori
Sección: Narrativa extranjera-Literatura de viajes

Autor: Nace en Australia en 1943 y vive en Nueva York desde no sé cuando. Aquí donde le vemos ha ganado dos veces el prestigioso premio Booker (algo sólo logrado por él y Coetzee) con Oscar y Lucinda en 1988 y La verdadera historia de la banda de Kelly en 2001. En 2002 viaja a Japón (aunque no mueve el culo de Tokio) con su hijo Charlie (12 años) y escribe este libro que se lee como una novela (y esto lo digo como algo bueno) pero que está cerca de la literatura de viajes (lo cual no es en absoluto malo).

La obra: No puedo ser objetivo (¿lo soy alguna vez?), Japón (y concretamente Tokio) ejerce una misteriosa atracción sobre mí. La razón, las razones, creo que podemos dejarlas para otro momento, aunque puedo apuntar que están relacionadas con cierto lado friki que ha ido creciendo en mi interior desde que vi Bola de Dragón por primera vez cuando iba al instituto. Dicho esto, seguimos. El libro cautiva desde el primer párrafo. Hay buenas formas de empezar un libro y formas pésimas. Un ejemplo de forma pésima es el comienzo de Tierra firme de Matilde Asensi: 

"Martín, mi hermano menor, murió luchando bravamente contra los piratas ingleses que, tras cañonear nuestra galera durante buena parte de la noche, al alba, echaron garfios por la borda y nos atrajeron hacia su flanco de estribor para robarnos todas las mercaderías que nuestro bajel portaba desde los mercados de Sevilla hasta las colonias de Tierra Firme, en el Nuevo Mundo".

 Joder, necesito oxígeno para respirar. Peter Carey comienza así esta historia: 

"Estaba con mi hijo en el video club cuando alquiló El verano de Kujiro, una película japonesa con tipo duro y niño en la que un actor llamado Beat Takeshi interpreta a un matón encantador y plagado de ticks. ¿Cómo iba a saber yo adónde nos llevaría eso?
Durante las semanas siguientes Charley alquiló El verano de Kikujiro varias veces, y yo, pese a estar presente, no tenía idea de hasta qué punto le había afectado, no hasta que mi hijo, en voz queda, me dijo de pasada: De mayor viviré en Tokio".

No necesito más (será que me conformo con poco), el resto del libro ha sido una delicia tanto en lo literario como en lo friki. Padre e hijo quieren ver el "verdadero Japón" pero claro, su concepto de cual es el este Japón en estado puro que quieren conocer de cerca es tan diferente como una espada samurai de una Nintendo DS. Gracias a los muchos contactos de este autor tan conocido (ha sido traducido a bastantes idiomas, entre ellos el japonés) no les cuesta colarse (bueno, un poco sí les cuesta) en los Estudios Gimbli y conocer a Dios (Hayao Miyazaki para los profanos), también acuden a una entrevista con Yoshiyuki Tomino (¿os suena Mobile Suit Gundam?), investigan sobre los orígenes del manga y el anime, conversan acerca de la increíble El cementerio de las luciérnagas, analizan junto con un amigo japonés significados ocultos para un occidental de Mi vecino Totoro, conocen otakus, charlan y discuten con Yuka Minakawa, otaku de pro y responsable de "la biblia" Gundam Officials (de 3 Kg), acerca del origen y significado real de este término. Pero esto sólo es un granito de arroz, hay mucho más, conocen a un maestro en el arte de la fabricación de espadas, asisten a una representación de teatro Kabuki (el niño, Charlie, se aburre soberanamente ya que dice que eso no es el "verdadero Japón", pero Peter Carey nos hace ver la relación entre este teatro y el manga), cenan por desconocimiento en un local de dudosa reputación lleno de yakuzas y "geishas" y bueno, muchas anécdotas y malentendidos que hacen de este libro algo muy muy muy recomendable para cualquiera que sienta cierta atracción por Tokio y lo japonés. 

Finalmente quisiera llamar la atención sobre algo que el autor refleja con claridad. En estos tiempos en los que parece que toda la información es accesible con un click, podemos cometer el error de creer conocer bien algo, una cultura, una sociedad, un país. Creer que sabemos bastante acerca de esto o lo otro y sacar conclusiones que suponemos bien fundadas. Sin embargo, como le dice alguien a Peter en una de sus conversaciones, conocer algo a medias puede ser mucho más perjudicial que la más completa ignorancia.

Manuel

miércoles, 16 de enero de 2008

Lo que hay que leer

Título: La carretera
Autor: Cormac MacCarthy
Editorial: Mondadori
Sección: Narrativa extranjera

El autor: Nacido en Providence en 1933, Rhode Island, se traslada a Tenessee en el 37. Publica su primera novela, “El guardián del vergel”, en 1965. Desde entonces ha publicado una docena de libros llegándole el reconocimiento masivo a partir de “Todos los hermosos caballos” que le supuso en el 92 el Nacional Book Award , así como el Premio del Círculo de la Crítica en USA. Su última novela, “La carretera”, fue premiada con el Pulitzer del 2007.
El libro: Leer “La carretera” es, ya hoy, estar leyendo un clásico. La mayoría de los libros que van pasando por nosotros están condenados al olvido, pero no este. No tengo ninguna duda de que dentro de unos años será lectura obligatoria en los colegios norteamericanos y podremos encontralo dentro de mucho tiempo compartiendo las estanterías de las librerías con los autores consagrados. El planteamiento es tan descarnado como el resto del libro: Un hombre y un chico, padre e hijo, vagan por un mundo desolado. No se dan nombres, no se sabe que ha pasado, tampoco esta claro hacia donde se dirigen. Caminando por una carretera, a través de un mundo reducido a la muerte total, cenizas más cenizas, oscuridad y frío glacial. Este planteamiento tan tremendista es la herramienta de la que se vale McCarthy para analizar lo único que queda: los sentimientos entre los dos, el valor de lo humano cuando no queda nada. El amor, el valor, la lealtad, la ternura, la verdad y la mentira se muestran con una desnudez tal que es muy difícil dejar de emocionarse con algunos de los pasajes. Mas que una narración nos encontramos con una descripción casi quirúrgica de lo que queda de nosotros cuando todo lo superficial desaparece.
“La carretera” no es un buen libro, ni tan siquiera un libro recomendable, es sencillamente un libro que hay que leer.

“Estuvo mucho rato tratando de dormir. Al cabo se dio la vuelta y miró al hombre. Su rostro a la luz de la pequeña lámpara rayado de negro por la lluvia como un actor dramático de la antigüedad. ¿Puedo preguntarte una cosa?, dijo.
Naturalmente.
¿Nos vamos a morir?
Algún día. Pero no ahora.
Y todavía vamos hacia el sur.
Sí.
Para no pasar frío.
Así es.
Vale.
¿Vale que?
Nada. Solo vale.
Duérmete.
Vale.
Voy a apagar la luz. ¿De acuerdo?
De acuerdo.
Y luego ya a oscuras: ¿Puedo preguntarte algo?
Naturalmente.
¿Qué harías si yo muriera?
Si tú murieras yo también querría morirme.
¿Para poder estar conmigo?
Sí. Para poder estar contigo.
Vale.”


Ignacio